Vino de la semana

La chardonnay y el Mâcon Verzé 2014 de Domaine Leflaive

Bodega Domaine Leflaive
D.O./Zona Mâcon-Villages. Borgoña. Francia
Tipo de vino Blanco
Elaboración/Crianza Fermentación alcohólica y maloláctica en barrica de roble francés. Crianza posterior en acero inoxidable durante 6 meses
Variedad/es Chardonnay
Precio aproximado 24 euros

Comentario

Dice una leyenda, de esas que jalean el espíritu novelesco del ser humano, que la casta chardonnay llegó a Francia en el siglo XIII de la mano del conde de la Champaña Teobaldo IV “Le Chansonnier”. Según la fábula, resulta que “el cantante” Teobaldo, a su regreso de una cruzada y durante una escala en la Isla de Chipre, encontró allí esta variedad y decidió llevarla a su tierra natal. Era una bonita historia, pero la ciencia -esa “amargada” acostumbrada a estropear bonitas historias con la verdad- reveló que, en realidad, la chardonnay era un cruce espontáneo de dos uvas autóctonas de Francia: pinot noir y gouais blanc.

La chardonnay es una variedad blanca de ciclo corto, de brotación precoz y maduración muy temprana. La planta es vigorosa, se adapta bien a distintos terrenos y climas y tiene un rendimiento relativamente alto. Las uvas son de piel fina y forman unos racimos apretados, pequeños y compactos. Los mostos resultantes del prensado de chardonnay son aptos para realizar la fermentación alcohólica y maloláctica en barrica, así como para continuar con una posterior crianza también en barrica. La buena aptitud agronómica de la planta y su facilidad para adaptarse a diversas condiciones edafoclimáticas, sumada a su fama internacional “prestada” por algunos de los mejores vinos blancos del mundo procedentes de Champagne o Borgoña, ha tenido como consecuencia que la chardonnay se haya expandido a lo largo y ancho del planeta como ninguna otra variedad blanca. Podemos encontrar vinos elaborados con chardonnay en Nueva Zelanda, Sudáfrica,  Estados Unidos, Chile, Argentina, Italia, Eslovenia,  España y un largo etcétera.

En esta tesitura, queda meridianamente claro que esta casta blanca se adapta a casi cualquier clima y terreno pero, en nuestra humilde opinión, su más genuina y legítima expresión es la que ofrecen los vinos procedentes de los climas más bien frescos, cuando no directamente fríos, que la vieron nacer. En Champagne hace frío y sólo en las colinas y laderas de creta con mesoclimas privilegiados puede madurar, conservando además una elevada acidez perfecta para la elaboración de espumosos. Ya algo más al sur, en Borgoña, pero en una zona situada todavía al límite de la maduración como es Chablis, los vinos de chardonnay tienen en boca un ataque nervioso, pulido y fulgente que los hace únicos. Continuando nuestro viaje hacia el sur, pero sin salir de la Borgoña, encontramos en la Côte de Beaune algunos de los más grandes vinos blancos del mundo, originarios de pagos de nombres míticos, de esos que los obsesos del vino susurramos afectados cuando vemos las etiquetas -y sus precios- en las tiendas: Corton-Charlemagne… Montrachet…

No se trata de una uva cuyos aromas puedan ser definidos con claridad. Parece que nos encontramos ante una variedad algo neutra que lo que hace realmente bien es reflejar el edafoclima –el terruño, vamos- del que procede, por lo que sería un caso similar al de nuestra adorada palomino fino. En zonas frescas, se podría decir que habitualmente huele a frutas y flores blancas, a manzanas -mayoritariamente reineta- y algo de lima, siendo en boca vinos de nervio y verticalidad. En zonas cálidas manifiesta aromas más potentes y la expresión frutal muta hacia la piña, otras frutas tropicales y el melón muy maduro, perdiendo acidez y “ensanchando” en boca, hasta llegar a alcanzar auténtica pesadez cuanto más caluroso es el clima. Los descriptores habituales de mantequilla, humo, vainilla y frutos secos son en realidad procedentes de la crianza en barricas.

El Mâcconais.

Vamos a hablar, por fin, del lugar de procedencia del vino de esta semana. El Mâconnais es la zona situada -sin tener en cuenta Beaujolais- más al sur de la Borgoña vitícola. Se trata de una franja de unos cincuenta kilómetros que se extiende desde el extremo sur de la Côte Chalonnaise hasta la región del Beaujolais. Allí el clima es más cálido, más dúctil y misericordioso que en Chablis o en la Côte de Beaune. Aunque se podría definir como “la puerta del sur”, sigue siendo lo que un Español prototípico consideraría un clima fresco. El Mâconnais cuenta con algunos de los mejores viñedos de Chardonnay de Francia como los de Pouilly-Fuissé, pero hoy nos vamos a centrar en los Mâcon-Villages, que son algo así como el segundo peldaño de una escalera de cuatro en las denominaciones del Mâcconais. En el caso del vino que nos ocupa, en lugar del sufijo “Village” se encuentra el del municipio de Verzé, que es uno de los 43 catalogados y autorizados para portar esa distinción.

Este Mâcon-Verzé 2014 es un buen ejemplo de chardonnay de “zona intermedia”. En nariz enseña matices clásicos, mantequilla y tostados livianos de la barrica, y hay también un poquito de miel y lima; todo ello con muy buen empaque y apostura. En boca es graso y tiene ese toque nervioso y eléctrico que no aparece en viñedos muy expuestos al “caloret”. Es también sutilmente mantecoso, con buena “grasa” muy bien compensada por una casi vibrante acidez. Complejidad y calidad a buen precio. Tiene un poco de todo y es un buen chardonnay francés que se puede comprar sin destrozar la tarjeta de crédito.

La fama mundial del Domaine Leflaive es tan poderosa que, para muchos, se trata de una de las mejores bodegas de vinos blancos del mundo. Para que se hagan una idea acerca de “lo barato” que resulta este vino, es suficiente con decirles que ahora pueden encontrar su Chevalier-Montrachet de 2012 a unos 420 euros, o su Batard-Montrachet de 2013 a unos 360 euros.

Comida

Nada más y nada menos que un pato laqueado, señoras y señores, y lo hice yo. Hacían muy buena pareja.

Leave a Reply