Terruño de vientos y montañas

Eolo Hipótada, quien vivía en la isla de Eolia, era, para los griegos, el dios de los vientos, capaz de desatarlos todos juntos y provocar la desgracia, como hacerlo de uno en uno y resultar beneficioso. Como en toda la mitología griega, junto a los dioses hay una pléyade de semidioses, héroes, etc. Los dioses secundarios del viento eran los amenoi (de hecho, el aparato capaz de medir la intensidad del viento recibe el nombre de anemómetro por ellos). Cada uno de los cuatro puntos cardinales, así como los puntos intermedios entre ellos, contaban con su propio amenoi. Estos eran ocho, aunque los cuatro principales eran: Bóreas (norte), Noto (sur), Céfiro (oeste) y Euro (este). Se les podría considerar vientos favorables en esa permanente dualidad entre el bien y el mal del mundo griego antiguo, siendo los otros cuatro vientos, como corresponde a hijos del monstruo Tifón, violentos y funestos.

Ruge mistral, vuélvenos locos de atar
y con tu antiguo furor
llévate a aquel que ose hablar


El viento es de una importancia vital en muchos de los más afamados viñedos. Pudiendo, en función desde donde sople traer la humedad necesaria o bien por el contrario, una mayor sequedad.

Fotografía de Marielle

Viñedo canario protegido con sus típicos picones Fotografía de Marielle

Veamos algunos ejemplos: el Mistral, viento del noroeste, es un viento frío, seco y de gran virulencia, especialmente en el valle del Ródano. Los Alisios en Canarias, son los causantes de un tipo de viticultura tan característico de las islas con sus picones, los muretes que rodean y protegen del viento cepa a cepa. Famoso es el dicho que dice que Jerez está entre dos mares, la mare que parió al Levante y la mare que parió al Poniente, tan vitales ambos que condicionan la arquitectura de las bodegas. El Levante es un viento proveniente del interior más cálido y seco, mientras que el Poniente ofrece mayor frescor y humedad. La Tramontana, su nombre significa más allá de las montañas, es común en las Islas Baleares y en Cataluña, especialmente en la región del Ampurdán. Se trata de un viento norte y, como consecuencia, frío y turbulento. El Cierzo, considerado similar tanto a la Tramontana como al Mistral, se caracteriza por ser un viento fuerte, fresco y frío, cuya presencia se hace notar en el valle del Ebro y, por consiguiente, de influencia en las zonas vitivinícolas de La Rioja, Navarra y Aragón.

Viento, influencia oceánica

En el caso de Europa, el Atlántico no sólo delimita el mesoclima de la mitad del continente europeo, también tiene una influencia directa sobre muchos de sus grandes vinos, así a bote pronto, baste mencionar los producidos en Burdeos, Oporto, Jerez e, incluso, en el rioja o en el Rhin.

Cómo hemos visto el viento tiene influencia sobre la climatología de una zona, pudiendo repercutir en climas cálidos y secos o, por el contrario, en otros fríos y húmedos. En ambos casos su presencia o ausencia afecta al viñedo, tanto a su fertilidad y al desarrollo de inflorescencias, como al desarrollo vegetativo, la producción, durante el desborre y floración, también en el proceso de maduración, en el agostamiento, etc.

El viento también puede tener consecuencias nefastas para el viñedo, como por ejemplo la pérdida de pámpanos, hojas, inflorescencias…[/vc_column_text]

Fotografía de Gorka Mauleon

Viñedo riojano en otoño, bajo la protección y la influencia de la Sierra de Cantabria. Fotografía de Gorka Mauleon

Las montañas y su peso en el viñedo

Las montañas aportan al viñedo grandes cualidades que se harán notar en el vino final. En zonas cálidas permiten un considerable descenso de las temperaturas, lo que dota a los vinos de un mayor equilibrio. Téngase en cuenta que por cada ascensión de cien metros verticales, la temperatura baja de media 1º C. La ladera de una montaña mejorará además la incidencia de los rayos solares sobre la planta, permitiendo una mejor distribución de los mismos. También facilitará el drenaje del agua de la lluvia, pues no se estancará y correrá montaña abajo hacia el valle.

Las montañas también tienen su valor como principales barreras naturales ante el viñedo, protegiéndolo del viento o, en conjunción con este, generando fenómenos tan curiosos como el efecto Föhn.

Vinos de montaña y viticultura heroica

Ya desde muy antiguo al hombre le dio por plantar viñas en las laderas de las montañas, con el consiguiente beneficio para la calidad de los vinos resultantes. ¿Éramos antes mucho más listos que ahora? Pues seguramente, pero en la mayoría de los casos esto fue solamente una casualidad, propiciada por la necesidad de aprovechar el espacio disponible. Es decir, el resto de cultivos con los que cubrir las necesidades básicas de una familia, necesitaban de las zonas más fértiles del valle para su producción, sin embargo, la vid podía adaptarse a casi cualquier terreno y condición, de ahí que quedase recluida a las zonas más agrestes.

Con el paso del tiempo, los monjes, ya fuese por la regla de San Benito, por sus largos períodos de estudio, o por sus ratos de vida contemplativa, el caso es que se dieron cuenta de que no todas las parcelas ofrecían vino de la misma calidad. Así, según el viñedo iba subiendo por la ladera, reservaban los vinos de dichas parcelas a priores, abades y demás prebostes de las diferentes congregaciones religiosas.

A nadie escapa que cultivar en una montaña siempre será más trabajoso que hacerlo en el llano, antiguamente requería del empleo de terrazas, asentamientos que había que reforzar con muros de piedra, obras titánicas que hoy son, en muchos casos, consideradas Patrimonio de la Humanidad. Pero si en el pasado nuestros antepasados se deslomaron trabajando estas tierras, no han mejorado mucho las condiciones de hoy en día. Siguen siendo terrenos donde es imposible mecanizar el proceso y la vendimia se convierte en una hazaña, de ahí que se le suela denominar viticultura heroica, si quieren hacerse una idea de a qué nos referimos, no dejen de visitar la Ribeira Sacra.

Estos vinos en sí, reflejo del esfuerzo ímprobo de quienes los llevan a término, ya deberían ser objeto de todo tipo de reconocimientos y galardones, pero aun así tienen sus propios premios otorgados en el Concurso Internacional Vinos de Montaña, de carácter anual y tal como especifican, “dirigido únicamente a los vinos de montaña o elaborados con uvas procedentes de zonas abruptas”. Por vinos de montaña entienden aquellos procedentes de viñedos a una altitud superior a los 500 metros sobre el nivel del mar (descartándose las plantaciones en mesetas), con pendientes superiores al 30%, los obtenidos de sistemas vitícolas en terrazas de cultivo o viticulturas de la pequeñas islas.

Gráfico del efecto Föhn, obra de Joan Mora

Gráfico del efecto Föhn, obra de Joan Mora

El efecto Föhn

Se da cuando una cordillera se interpone en el paso de una masa de aire, lo que provoca que esta tenga que ascender, motivo por el cual el vapor de agua se condensará y conllevará las consecuentes lluvias orográficas, debidas a este efecto barrera. Sin embargo, al otro lado de la montaña, el aire, ya seco, descenderá de manera vertiginosa trayendo consigo un aumento de la temperatura y de la presión atmosférica.

Un claro ejemplo de este fenómeno se da en la Sierra de Cantabria, con una notable influencia en los viñedos y por ende en los vinos riojanos. Pero no es exclusividad de estas tierras, también se da en otras regiones vinícolas como Chile y Argentina, donde se le llama Zonda y se produce en la cordillera andina, donde puede alcanzar los 120 kms/h y arrastrar grandes cantidades de polvo. También actúa en California y al norte de la Baja California, donde se le denomina viento Santa Ana o Santana, en este caso debido a las elevaciones de las Montañas Rocosas y Sierra Nevada, precipitándose la corriente de aire hacia la Gran Cuenca formada entre ambas.

El efecto Föhn sobre la Sierra de Cantabria. Fotografía de Gorka Mauleon

El efecto Föhn sobre la Sierra de Cantabria. Fotografía de Gorka Mauleon

Para terminar, y dadas las fechas estivales, en las que se publica este artículo, no podemos más que mandarles con viento fresco. La próxima vez que beban un vino, pregúntense si se elaborará cerca de alguna montaña o cuáles serán los vientos que mecieron o azotaron el viñedo. Les deseamos que los vientos les sean propicios.¡

7 Comments

  • Sarah dice:

    Me ha encantado!!!!! Leeré más si la tecnología me lo permite.
    Enhorabuena por el artículo!

  • Lorenzo Alconero dice:

    Hola Sarah.

    A nosotros nos encanta que te haya gustado 🙂

    La verdad es que más allá de escribir para ser leídos, escribimos para que disfrutéis y, sobre todo, para que os animéis a indagar más sobre la cultura del vino. En los libros, en las revistas y en los blogs se aprende mucho, pero nada como descorchar una botella. El próximo brindis irá dedicado a todos vosotros que nos seguís mes a mes.

    ¡Muchas gracias!

  • Oigan muy buen artículo les voy a poner una liga en mi sitio web. Este blog esta genial.

    Saludos.

    Luis Fernando Heras Portillo

    • Lorenzo Alconero dice:

      Hola Luis Fernando.

      Muchas gracias por tu amables palabras. Esperamos seguir coincidiendo contigo por aquí. Nos leemos.

      Un saludo.

  • Muchas gracias, claro que si seguiremos en contacto. Ya los seguì en Twitter!

  • Mariana dice:

    Hola, me gusto mucho el artículo pero vale aclarar que el viento citado en Argentina y Chile se denomina Zonda y no Zenda como Uds lo nombran.
    Gracias!

    • Lorenzo Alconero dice:

      Muchísimas gracias Mariana.

      Disculpa la errata, ya lo hemos corregido en el texto. ¡Nos encanta que nos ayudéis a mejorar la Enoarquía con vuestras aportaciones!

      Un saludo.

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