Vino de la semana

Ube Maina 2015

By 21 diciembre, 2017Cata2, Jerez, Vino de la semana

Ficha

Bodega  Cota 45
D.O./Zona  Sanlúcar de Barrameda
Tipo de vino  Blanco
Elaboración/Crianza  Fermentación y crianza en bota durante dos años con presencia de velo de flor
Variedad/es  Palomino fino
Precio aproximado  28 euros

Comentario

Si son ustedes aficionados a esto del vino y tienen previsto hacer un viaje en coche a Sanlúcar de Barrameda les recomendamos que, si el itinerario se lo permite, se acerquen a la ciudad por la A-471. Después de pasar por Lebrija y Trebujena, la carretera atraviesa las llanuras pardo-grisáceas de las marismas pluviales del Guadalquivir. Estén atentos a partir de ese punto porque, al superar el desvío a Jerez, ya muy cerca de Sanlúcar, se atisba al fondo del paisaje una loma muy especial -una de las que bordeaban quizá el antiguo golfo tartésico o quizá el antiguo lago Ligustino, tema bastante discutido- que puede pasar desapercibida si no se presta la debida atención. Se trata de la loma de Maina que, llegando a la ciudad desde Trebujena, queda a la izquierda de una carretera que pasa rozando el que, sin duda, es uno de los viñedos más especiales de todo el Marco de Jerez y el origen de Ube Maina.

Si permanecen vigilantes al pasar con el coche junto a Maina -el conductor o conductora que mire hacia la carretera por favor. Hagan fotos para que las vea después- podrán apreciar sus pequeñas cuevas artificiales o “anasferas”, fruto de antiguas labores de cantería para extracción de material que se utilizaba en la fabricación de “anafes” o infiernillos para las cocinas de carbón. Pero, se preguntarán, aparte de esta pequeña singularidad, ¿por qué Maina es tan especial?

La principal particularidad de esta loma-viñedo reside en que se trata de uno de los puntos con la mayor concentración de diatomeas silíceas, -hasta el 70% u 80% en algunas zonas de la loma- de todo el Marco de Jerez. En muchos puntos se apilan en capas similares a las de un hojaldre, por lo que forman lo que se conoce en El Marco como la famosa tosca de barajuelas. Nos encontramos, por tanto, con lo que el Doctor Ingeniero Agrónomo Isidro García del Barrio Ambrosy denominaba, por su pureza, “la albariza teórica”, con la “máxima capacidad retentiva” de agua y la “máxima esponjosidad” y blancura, muy similar a la tripolita, el kieselgur o la tierra de diatomeas. Cuando se sube a esta loma por el empinado y estrecho camino de acceso, se tiene la impresión de haber abandonado el planeta tierra y aterrizado en un asteroide de blanquísimo y deslumbrante polvo de talco, en el que vegetan de forma aparentemente milagrosa -teniendo en cuenta la extrema pobreza en materia orgánica del terreno y la escasa humedad ambiental del pago- decenas de miles de vides.

Como resultado de estas características únicas, el de Maina es un viñedo de concentración capaz de producir, como dice Ramiro Ibáñez, auténticas “bombas de músculo sápido”; vinos concentrados que hacen gala de un agarre extraordinario en boca, en la que dibujan una “T” invertida. Entre los pagos de concentración más famosos del Marco, destaca sobre todos los nombres el del mítico y famoso Macharnudo de Jerez, pero nosotros hemos llegado a escuchar que, en esto de la capacidad para “dar a luz” vinos de gran concentración, Macharnudo no sería más que “el trailer” de Maina. Esto forma parte del eterno pique entre Sanlúcar y Jerez en el que nosotros, por temor a represalias, no nos vamos a meter.

Pues bien, gracias a Ramiro Ibáñez tenemos la posibilidad y la inmensa fortuna de poder disfrutar de las capacidades de un lugar tan especial. Ube Maina 2015 procede de una viña situada en la parte norte del pago, en la finca La Charanga, sobre albariza de barajuelas. En nariz encontramos aromas que recuerdan al talco perfumado -esto quizá sea fruto de una asociación de ideas, ¡pero es que recuerda al talco perfumado!-, flor de azahar, matices herbáceos y toques de yodo. En boca resulta sorprendente la escasa acidez, pero lo que más llama la atención es que la estructura del vino, ante la falta de acidez, se apoya en otro basamento, en la llamada sapidez -con este vino se comprende realmente el término-. Dibuja en boca una “T” invertida típica de las barajuelas, pero con “la cola” corta y las “aletas” muy anchas, y tiene un agarre final masivo en la parte posterior de la lengua y los carrillos. Resulta fascinante que un vino escaso de acidez apoye su esqueleto en otro concepto y que, además, no resulte plano ni se haga pesado. Esta es la mejor interpretación que conocemos de Maina -hay otras, sí; busquen, busquen-. Un vino raro y fascinante que rompe esquemas y abre caminos.

Han salido al mercado unas mil botellas. No es exactamente un “unicornio rosa” imposible de encontrar pero, si les pica la curiosidad, lo mejor es que se den prisa antes de que desaparezca de las tiendas especializadas.

Maridaje

Es conveniente probar sin acompañamiento un vino tan especial, por lo menos la primera botella. Para las siguientes ya pueden escoger ustedes mismos los alimentos que han de armonizar con una obra tan interesante.

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