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El jerez, prisionero de su propia herencia

Lorenzo Alconero — 14/05/2013

Inauguramos en la Enoarquía un mes dedicado al jerez, durante el cual “vestimos” este blog con faralaes, lunares y farolillos de verbena. El JEREZ con mayúsculas, el de verdad, está de vuelta. Aún queda mucho camino por recorrer, para volver a situar al jerez y a la manzanilla en el lugar que les corresponde. Desde estas líneas intentaremos colaborar humildemente como evangelistas de la buena nueva. Todo enmarcado en la celebración del WorldSherryDay , aunque como un día se nos hacía poco, nosotros le dedicaremos a modo de colofón de los festejos una semana entera, la #SherryWeek.

Sin duda, mal se han tenido que hacer las cosas, en muchos aspectos, para llegar a una situación así (caída de las ventas y precios, pérdida de imagen, etc.). De sobra citadas han sido las causas y los problemas actuales del jerez, aquí lo que intentaremos será ofrecer un abanico de posibles soluciones. Aunque antes sea necesario redundar un poco en las causas de la situación actual, así como estudiar los posibles paralelismos con otras regiones vitivinícolas y tratar de aprender de sus éxitos y fracasos.

Los orígenes La fama del jerez se basó, principalmente, en la calidad y en su capacidad de adaptación al mercado. Los ingleses fueron "culpables" del despegar exportador de zonas como Burdeos, Champagne, Oporto y también Jerez; en todas ellas el modelo anglosajón fue similar. El consumidor final exigía el mismo vino que había disfrutado el año anterior, (supongo que, acostumbrado a una gran mayoría de días grises y plomizos, no entendía muy bien las grandes diferencias que se podían dar entre añadas) así que para dotar de homogeneidad a los vinos se omitieron las añadas. Tanto en Champagne, como en Oporto, como en Jerez, se impulsó la mezcla de vinos producidos en diferentes años. Muestra de ello son los non vintage, tawnies, finos, manzanillas, olorosos, palos cortados, amontillados, etc.

Morir de éxito El jerez gozaba de una fama tal, que era cotizado al mismo precio que los grandes chateaux bordeleses, como se atestigua en la imagen adjunta, correspondiente a un anuncio de una tienda de vinos, publicado en El Imparcial, en 1894. Una botella de Tío Pepe costaba más que un Château Margaux. Poco a poco fue amoldándose a los gustos y tendencias de cada momento y surgieron las mezclas, los cream, pale cream, etc. Según el grado de dulzor y los gustos demandados en cada época.

El enemigo estaba en casa Y el éxito trajo la desgracia. Muchos fueron los que vieron la oportunidad de lucrarse y sacar provecho de su fama. Salieron imitaciones por doquier desde Australia a Canadá e, incluso, ¡desde otras regiones de España! Vinos, en su inmensa mayoría, de pésima calidad y nefastas consecuencias.

La uva palomino se plantó por todas partes. Se buscaba siempre primar la cantidad por encima de la calidad. Su expatriación supuso el destierro literal de los suelos de albariza y el comienzo de sus penurias. Desde entonces no es capaz de desprenderse del inmerecido cartel de casta insulsa y plebeya. Al igual que el resto de sus hermanos de herencia británica, en el vino de jerez se anteponía el savoir faire en las bodegas, casi hasta menospreciar las labores del campo.

La avaricia rompió el saco Y llegaron los años 70 repletos de codicia y surgieron hombres de negocios que vieron en el vino de jerez la oportunidad de expoliar a sus anchas. Si el mercado lo compraba todo, por qué no saturarlo con millones de botellas baratas.

Y el jerez dejó de centrarse en sus clientes y sus preferencias, para focalizarse en la producción en masa y, de esta forma, perdió el contacto con el consumidor. En definitiva, abandonó las dos premisas sobre las que había basado su fama: la calidad y su poder de adaptación a las nuevas tendencias. En Gran Bretaña, su principal mercado, el jerez fue denostado por los jóvenes, nuevos consumidores que veían, y muchos aún ven en ella, la bebida de sus abuelas. El empeño de algunas bodegas jerezanas por obviar la idiosincrasia de sus vinos, renegando de sus peculiaridades y empeñándose en situar sus vinos en los lineales, junto a los vinos blancos tranquilos, tampoco ha ayudado lo más mínimo.

El futuro Las soluciones para lograr el cambio pasan por recuperar los ya citados axiomas, pero eso no será suficiente. Erradicar la imagen del jerez como vino barato de escasa calidad será uno de los principales escollos. Sin olvidar el reto fundamental de devolver el jerez a sus pagos, el terruño jerezano, sin omitir en él la manifiesta importancia de las condiciones microclimáticas de las bodegas del Marco . Todo ello ha tenido, tiene y tendrá una relevancia preponderancia erante en los vinos de calidad jerezanos.

En próximas entradas abordaremos con detenimiento las soluciones, algunas ya tomadas en mayor o menor medida, así como los paralelismos entre Jerez y otras zonas vitivinícolas. Terminamos esta primera parte anticipando algunas de las mismas con algunos de sus respectivos ejemplos: