Barolo 2007: La fiera ¿domada?

By 15 octubre, 2013Cata2

Existe una maravillosa forma de viajar sin moverse de la silla de la que quizá usted no se haya percatado: beber y disfrutar vinos de diferentes regiones del mundo. En esta ocasión vamos a viajar, con los sentidos, a la bella región del Piamonte italiano.

El Piamonte fue el pilar maestro de la unificación italiana (1830-1871), que tuvo un himno, el Va Pensiero de la ópera Nabucco del grandioso Giuseppe Verdi, que será nuestro acompañamiento musical para esta nueva, y siempre humilde, crónica. Como de costumbre, le invitamos a pulsar play y a cantar, a voz en grito con nosotros, esta maravillosa estrofa tan adecuada para una cata de grandes vinos:

Vuela, pensamiento, y reposa en las praderas y en las cimas, donde exhala su suave fragancia, el dulce aroma de la tierra natal.


Por favor, olviden el nombre de Nana Mouskouri y sus aberrantes versiones.

La región del Piamonte, situada en el noroeste de Italia -para entendernos, arriba a la izquierda-, disfruta de una larga y antigua tradición agrícola e industrial que la convierte en una de las regiones más prósperas de Europa. La capital, Turín, es un destacado núcleo cultural y de negocios cuyo atractivo y discreto encanto merece la pena conocer.

Centraremos hoy nuestra atención en la denominazione di origine controllata e garantita (DOCG) de Barolo, que debe su nombre a una pequeña localidad homónima, de apenas 700 habitantes, situada a unos 70 kilómetros de Turín. En Barolo, las extensas colinas y llanuras, limitadas por la imponente presencia de los Alpes nevados, componen un paisaje deslumbrante aderezado por una tradición vitivinícola milenaria. El clima es continental, moderado por las corrientes de aire que circulan por el valle del río Tanaro, que suaviza las temperaturas estivales y favorece la formación de las famosas nieblas otoñales de la zona. Los viñedos están situados a una altura de entre 250 y 450 metros, altitud más elevada que la de los de la DOCG vecina de Barbaresco.

Barolo, la mala rima es inevitable, es el reino de la uva nebbiolo, originaria de los valles del Piamonte. Prácticamente no se cultiva fuera de Italia, aunque puede encontrarse de forma testimonial tanto en América del Norte como del Sur. La nebbiolo es capaz de producir buenos vinos con grandes aptitudes para crianza y envejecimiento. Al parecer, debe su nombre a las nieblas (nebbia) que a menudo cubren los campos de la zona y limitan la visibilidad a unos ridículos cinco metros. Es una cepa de brotación temprana y maduración tardía, de racimos grandes con uvas de tamaño medio, de forma esférica y color azul intenso. Su gama aromática suele incluir descriptores como alquitrán, violetas, chocolate, ciruelas, tabaco y, en su cénit, la legendaria trufa blanca por la que también es famoso el Piamonte en todo el mundo. Sus tintos son de mucho carácter, con tanino muy, muy poderoso, magnífica acidez y gran concentración.

Vinos polémicos

Tradicionalmente, las cosechas en Barolo eran muy abundantes y no ofrecían una buena maduración. Las fermentaciones de nebbiolo se llevaban a cabo en contacto con los hollejos durante períodos que podían alcanzar los dos meses, dando como resultado unos vinos tan fuertes que debían ser criados en grandes fudres (recipientes) de roble o castaño, conocidos como botti, durante algo más de diez años, hasta que los taninos se suavizaban lo suficiente como para ser embotellados. El resultado era un vino duro, todavía muy tánico y bastante oxidado, con la fruta desgarrada por la prolongada crianza.

En la década de 1960, algunos productores jóvenes como Angelo Gaja, Renato Ratti y Aldo Conterno, viajaron a Francia para investigar nuevos estilos de viticultura y vinificación. Su objetivo era descubrir el modo de conseguir vinos más frescos y suaves que pudieran ser consumidos con menos tiempo de crianza, provocando así la discrepancia entre productores tradicionalistas y modernistas. Dicha discrepancia permanece en nuestros días y, sin duda, ha resultado favorable para la mejora general de calidad de los tintos de Barolo.

La añada 2007

Un invierno con poco frío y un verano fresco ha dado forma, en palabras de Juancho Asenjo, a unos vinos que han conseguido conjugar características de añada cálida con otras de añada fría, siendo en esta ocasión el clima el que ha determinado la calidad de los vinos más que el terruño de procedencia, permitiendo una maduración de la uva muy progresiva. Esta añada ha logrado que, tanto los grandes pagos como los terrenos de menor entidad, ofrezcan vinos de gran calidad que muestran una homogeneización muy poco corriente.

De la mano del gran experto en vinos italianos Juancho Asenjo, que confiesa tener grupo sanguíneo nebbiolo positivo, y gracias a la madrileña Enoteca Barolo, en la Enoarquía hemos podido conocer a algunos de los hijos vinícolas de la terra bianca de este atípico 2007.

El magisterio de Juancho Asenjo.

Giuseppe Rinaldi Cannubi San Lorenzo 2007. Precio: 50€ aproximadamente.

La bodega Giuseppe Rinaldi, fundada en 1890, está situada a las afueras de la localidad de Barolo y posee seis hectáreas de viñedos conocidos con los nombres de Brunate, Le Coste, Ravera, Cannubi y San Lorenzo. Su estilo es respetuoso con la tradición y sus técnicas no precisamente muy calculadas, dejándose llevar por el instinto y la tradición, con largas maceraciones y crianza en botas de roble de Eslavonia.

Hay trazas de acidez volátil, algo de barniz y, con paciencia porque está algo cerrado, cueros, tierra, especias y algo de cacao. En boca es de cuerpo medio y ligeramente sedoso, con muy buen tacto a la entrada, deja sentir con fuerza un tanino brutal pero maduro y de gran calidad, que se queda en los dientes, pero que es compensado, ¡sí, es compensado! ¡increíble! por una extraordinaria acidez que lo hace persistente y muy llamativo. A pesar de su fuerza brutal, no es tosco. Es todo un señor de gran distinción.

Brovia Rocche dei Brovia 2007. 52€ aprox.

La bodega Fratelli Brovia, situada, desde 1863, en Castiglione Falletto, también mantiene el respeto por la tradición, pero incorporando nuevas técnicas de seguimiento con continuos controles y análisis en laboratorio. El envejecimiento se lleva a cabo en grandes barriles de roble francés y de Eslavonia.

Un poquito de alquitrán al inicio, después torrefactos y cueros, hierbas y plantas, palolu y especias. Nariz muy compleja. En boca es de textura algo terrosa. El tanino también es tremendo y, aunque ataca menos a la dentadura, parece algo más vasto, de menos calidad. De nuevo una gran acidez acude al rescate y vuelve a compensar. Sabroso. Otro gran vino.

Roagna La Pira Vecchie Vigne 2007. 77€ aprox.

Situada en la aldea de Barbaresco desde hace 150 años, Roagna es famosa por sus potentes y expresivos Barolos y Barbarescos. Sus vinos, con gran potencial de envejecimiento, se deben a los 60 días -o más- de maceración y a las largas crianzas de hasta diez años en grandes barriles de roble (tonno).

El que suscribe, y parece que nadie más en la sala, “detectó” al inicio un peculiar aroma a galletas María… desconcertante. Suavemente lácteo. Muy cerrado. Pacieeeeeencia. La nariz en principio no es demasiado expresiva. Aparece un toquecito de ese alquitrán que me recuerda a las infinitas autovías en obras que se extienden por la península ibérica. Mentolados, cerezas. En boca es hasta ahora el más delicado. Es elegante -siempre dentro de esta categoría de tanino poderoso y buena acidez-, más fino que los anteriores. Le doy tiempo y me está pareciendo un vino majestuoso. La cosa se pone muy difícil para decidirse por alguno.

Manzone Gramolere 2007. 37€ aprox.

La bodega Giovanni Manzone se encuentra en Monforte D´Alba desde 1925. No utiliza insecticidas ni fertilizantes y mantiene, durante todo el año, la cubierta vegetal natural en el viñedo. Practica maceraciones cortas, para lo que es la zona, de 15 días, y envejecimiento de 24 meses en botti de roble de Eslavonia.

El aroma a tierra es bastante claro. Algo de alcanfor. También muy especiado. En boca es el más tánico y potente -y ya es decir- de los seis, envolvente y de buena estructura. Está duro todavía pero se puede beber. Necesita comida, la pide a gritos ¡y sólo hay picos de pan! Muchísima vida por delante para pulirse.

Massolino Parafada 2007. 52 € aprox

Massolino-Vigna Rionda se fundó en 1896 y está situada en Serralunga d’Alba. Las maceraciones son de 12 a 18 días y la crianza dura de 24 a 36 meses en tonel grande de Eslavonia y dos años en botella.

El más tímido al inicio. Bastante cerrado. Invocamos de nuevo a la santa paciencia: frutas rojas ácidas y flores secas. Va ganando en intensidad y complejidad. Como casi todos sus compañeros, resulta bastante especiado con toques dominantes de canela. En boca es, probablemente, el más afinado, excelente sensación de seda “tensa”, de magnífico tacto y persistencia. Otro gran, gran vino.

Conterno Cascina Francia 2007. 125€ aprox

La Azienda Agricola Giacomo Conterno de Monforte d’Alba, bodega de origen incierto situado aproximadamente en el año 1908, es uno de los grandes mitos de Barolo. El Cascina Francia es el hermano “pequeño” del legendario Barolo Riserva Monfortino. Este Cascina Francia “tan sólo” necesita unos veinte años para limar sus asperezas. Los Conterno son los vinos eternos del Piamonte.

Acidez volátil muy marcada, mucho, al límite. Suave aroma a pedernal y tierra, especias y regaliz. Es sabroso y excepcionalmente estructurado. El más largo y el más complejo, pero la volátil se me hace excesiva, está muy al límite y según mi parecer resta armonía al conjunto; no obstante… no sé, es pureza, es un estilo único. Me deja pensando.

Conclusiones

Al finalizar la cata, Juancho Asenjo fue preguntando a los asistentes, uno por uno, cual había sido su favorito. Cuando llegó mi turno eché un rápido vistazo a mis caóticos apuntes y a mi extraño y absurdo sistema de “puntuación”, con dibujitos, en el que destacaba el Massolino Parafada en primera posición, seguido de cerca por el Conterno Cascina Francia, mientras que Roagna y Brovia se pegaban por las migajas. Sin embargo, ay, los sin embargos… tras probarlos todos por última vez y después llegar a casa y empezar a trasladar rápidamente mis impresiones a la tinta digital, antes de que el recuerdo se hiciera evanescente, el Canubbi San Lorenzo llamó a la puerta de mi corteza cerebral ¡y llamó con fuerza! Su poderosa sedosidad, de exclusiva corbata italiana de caballero de postín, me conquistó en el último asalto y lo aupó a la primera posición. Finalmente, las reflexiones acerca del Conterno derribaron mi muro anti-volátil, e hicieron que se situara en la segunda posición, quedando una tercera posición compartida entre Parafada y Roagna.

Como pueden comprobar, me ha costado bastante decidirme. Los seis son espectaculares y, dentro de sus mayores o menores matices distintivos, despliegan una homogeneidad que parece ser muy poco común en Barolo. Son todos grandes, pero hay algunos grandiosos. Son bebibles ya, algo que no sucede en demasiadas añadas en esta zona, pero mejorarán mucho con el tiempo. No son vinos para neófitos. Son duros y de difícil comprensión, sobre todo en las añadas menos benevolentes.

Es muy habitual asistir a catas como esta, de gran nivel, en las que se perpetran infanticidios al abrir botellas que no estarán en su mejor momento hasta pasados unos diez, quince, o veinte años. En el caso de los Barolos -aunque no es el caso de esta añada-  casi podríamos hablar de aborto. Estos vinos son a menudo, recién llegados al mercado, casi un nasciturus, “el que ha de nacer”. Son grandes Barolos. Vinos de guarda; de mucha guarda.

5 Comentarios

  • Toni dice:

    Muy interesante la cata. Yo habré probado 8 o 9 Barolos como mucho y reconozco que son unos vinos más complicados que la media. Habrá que perseverar.

    • Carlos.M.I dice:

      Estos vinos necesitan paciencia y Sensodyne para los dientes sensibles.
      Hemos tenido suerte con 2007 ya que los vinos de esta añada son más accesibles de lo habitual. No obstante, beberlos antes de 2015 es una temeridad odontológica.

  • JOSELUI dice:

    Supongo que los vinos estarán a la altura de la música del Maestro.

  • Lorenzo Alconero dice:

    Es curioso como algunos de los considerados “modernistas”, con el paso de los años, acaban por ser incluidos en el grupo de los “tradicionalistas”. El mismísimo Henry Jayer, por ejemplo.

    A veces la tradición se convierte en una losa demasiado grande, los garantes de la misma siempre serán necesarios, pero no menos que aquellos que luchan por mejorar, probar, equivocarse y volver a experimentar, en una constante vital por aportar algo nuevo, por lograr la excelencia. Como se preguntaba Helmut Dönnhof, “¿podría alguna vez hacer lo suficiente para mostrar como estas riesling de aquí pueden llegar a saber? Mi mayor alegría es continuar intentándolo”.

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