Nombres curiosos de vinos

By 7 junio, 2013Desván

Todo blog de vinos que se precie dedica, antes o después, un post a hablar sobre la originalidad en las etiquetas de vinos o la curiosidad de sus nombres que, junto a la forma de las botellas, se tratan, a nuestro entender, de algunos de los principales aspectos que influyen en las estrategias de marketing de las bodegas.  Sobre las etiquetas hablamos hace  unas semanas con el fantástico post sobre diseño y vinos . Hoy nos centraremos en los nombres, en los más curiosos.

En multitud de ocasiones, el nombre de los vinos ha estado relacionado con el lugar de procedencia (por ejemplo Camins del Priorat), las tierras o fincas donde se cultivan, los terruños o pagos que componen sus fincas (como Pago Calzadilla o Pago Carraovejas) o incluso la variedad de la uva. Algunos bodegueros han cedido su propio nombre a sus vinos y, aquellos con títulos nobiliarios a disposición del marketing de sus bodegas, vivieron su momento más glorioso hace unas décadas.

Con la modernización del mundo del vino, algunas de estas tradiciones quedan a un lado y los bodegueros optan por nombres llamativos y curiosos para sus vinos, el naming es fundamental en el marketing. También, y aunque parezca mentira, porque poner nombre a un vino en España, no es nada sencillo, ya que existen más de 900.000 etiquetas de vino. De ahí de muchos opten intencionadamente por nombres rompedores que, desde luego, no dejan indiferente a nadie y que pueden influir a la hora de adquirir una novedad en tu tienda de vinos.

Algunos son de lo más eróticos, como el Tetas de la Sacristana de la Alpujarra almeriense, en referencia a dos montañas de la zona conocidas tradicionalmente con ese nombre. Otros simplemente tienden a ser irreverentes, como De Puta Madre un vino D.O. de Rueda que hace honor a la exclamación de uno de sus elaboradores al probarlo por primera vez. Algún vino habla por sí solo, como el que Habla del Silencio en Extremadura.

También los animales inspiran multitud de nombres de vinos, así tenemos La Zorra en referencia a la fábula de Samaniego “La Zorra y las Uvas” del que también os hemos hablado en la Enoarquía. El Gran Cerdo, de Gonzalo Gonzalo de la Rioja, su nombre se debe a que el dueño necesitaba una primera inversión económica para etiquetar y embotellar su nuevo vino y el banco le denegó el crédito al justificar que el vino no es un bien embargable. El Perro Verde, un blanco de las Bodegas de Ángel Lorenzo Cachazo en Extremadura, o Qué bonito Cacareaba, otro blanco de las bodegas de Benjamín Romeo en La Rioja. El nombre de Gallinas y Focas es el resultado de una tormenta de ideas realizada por miembros de una asociación mallorquina de personas con discapacidad intelectual para dar nombre al vino. De la misma zona viene también 4 kilos , en referencia a la inversión económica inicial del proyecto o 12 volts el vino «corriente» de esta bodega. Por último, Mallorca nos muestra su Ánima Negra en otro de los grandes vinos insulares.

No podemos dejar de mencionar algunos de los últimos vinos del proyecto Comando G (el nombre viene de Comando Garnacha) de la Sierra de Gredos madrileña.  El Hombre Bala o La Mujer Cañón son los hermanos mayores de la Bruja Avería, todos ellos, creados por los tres jóvenes enólogos: Fernando García (Bodegas Marañones), Daniel Gómez Jiménez-Landi (Bodegas Jiménez-Landi) y Marc Isart (Bodegas Bernabeleva).

Si comparamos y miramos en el huerto del vecino, nos damos cuenta de que esta moda no se trata de algo único en España. A modo de repaso rápido encontramos Le vin de Merde, o el vino Arrogant en Francia,  el Ama de casa loca en Estados Unidos o Yellow Tail en Australia.

Está claro que el naming de los vinos ha cambiado en los últimos años y que mientras el marketing  así lo decida, ha venido para quedarse.

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